From: licenciadovarela@uns.edu.ar
To: bartleby_1978@hotmail.com
Subject: Y?????
Date: Sun, 8 Jun 2008 14:25:19 +0000

Distinguido W. C. Fields:
Ante todo buenas tardes, como dijo el Burrito Ortega a la prensa especializada la otra vuelta, al cabo de una de esas memorables actuaciones a que nos tiene acostumbrados su habilidad sin par con el esférico, y que el resto del mundo opine lo que quiera o, mejor aún, que no opine nada. Porque para opinar hay que saber, hay que mirar las cosas con ecuanimidad y espíritu filosófico, y eso es más de lo que puede esperarse de un bostero, de un xeneize, de un hincha de Boca en una palabra, que después de decirla se siente uno ganoso de ir al baño y lavarse la lengua con agua y jabón, como cuando éramos pibes y habíamos proferido, con ese candor que sólo conocen la niñez y la demencia senil, una blasfemia mal disimulada. Yo fui a un colegio de curas y sé de qué hablo [...]. Pero entiendo que Ud. no es bostero. Si es bostero (no creo), le pido mil perdones y paso sin más al tema que nos ocupa. Que tampoco es cuestión de que haya encono entre gente culta por nimiedades, ¿no le parece? Fenómeno.
Permítame presentarme: soy profesor titular de la cátedra de Literatura Argentina III en una prestigiosa universidad cuyo emplazamiento exacto, por el momento al menos, conviene dejar en la nebulosa. Mi programa, destinado a ofrecer al neófito un pantallazo sucinto pero abarcador de las últimas tendencias, comprende diez años de producción literaria en nuestro país, desde ese golazo de ventas que fue el
Anatomista de Andahazi hasta el presente auge de literatura virtual (léase
blocks) que a tantos y tan sesudos especialistas ha dado que pensar en los últimos tiempos. Los otros días, sin ir más lejos, leía en la revista
Gente [...]. Ahora bien, de todos los autores de
blocks que hemos estudiado en la cátedra (no son muchos, le aclaro: a cada cosa la importancia debida), Ud. ocupa en el corazón de los estudiantes un lugar no digo especial (no insinúo que lo “quieran” ni muchísimo menos), pero sí de cierta relevancia. Me explico: todos coincidimos, y sobre este punto no hay discusión posible, en que el valor literario de sus textos es ínfimo o inexistente; sin embargo, a fuerza de leerlo, de seguir con tristeza sus nunca resueltas perplejidades, de especular sobre su extraña vida, hemos desarrollado hacia su persona una absurda e injustificable simpatía, bien parecida a la del despiadado hombre de ciencia que, en un momento de debilidad, se encapricha muy a su pesar con el cobayo menos despierto de la familia.
Sin alegría lo confieso: más de un comentarista habitual de su
block era alumno de mi cátedra y opinaba sobre sus textos de pura lástima. Yo mismo, en un rapto de furor acaso perdonable, le escribí anónimamente a propósito de
su último post hasta la fecha, donde se calumniaba la memoria insigne del gran Edgar Wallace: comentario quizá un tanto rudo, pero es que (como buen saboreador de tramas policiales y de misterio) cuando atacan a mi autor favorito me salgo de mis casillas. Pero esto no tiene importancia. La cuestión es que de improviso, y sin comerla ni beberla como habitualmente se dice, no hubo más noticias de Ud. En vano visitamos su
block día tras día, semana tras semana, mes tras mes y, ahora podemos decirlo, año tras año. La modesta pero hasta entonces inagotable fuente de su ingenio se había secado, o por lo menos no daba muestras ciertas de seguir manando. Esta comprobación nos sumió paulatinamente en el desconcierto, el estupor, la pena, la inquietud, la (por increíble que parezca) angustia extrema. En una palabra, estimado, su silencio nos preocupa.
Desde luego, circulan rumores. ¿Fue Shakespeare o Virgilio quien dijo que la fama es un monstruo grande y pisa fuerte? No me acuerdo, yo doy literatura argentina. Comoquiera que sea, se tejen entre el alumnado (y aun, lamento decirlo, en el seno mismo del cuerpo docente) las más descabelladas especies: que Ud. murió; que se volvió loco y pasa sus días en el ala más pintoresca del Hospital Penna; que se convirtió al budismo y reparte volantes alusivos envuelto en una vistosa túnica naranja; que se peleó con todos sus amigos y no se da con nadie; que escribe una novela; que escribe poemas; que lo han visto en la vía pública acompañado por gente poco recomendable; que se recibió y da clases; que se volvió anoréxico y llegó a pesar 37 kilogramos con el bolso puesto; que se cortó el pelo; que vende enciclopedias en veinte tomos de puerta en puerta (si es así, no cuente conmigo); que se le subió el éxito a la cabeza; que tuvo un puesto de venta de discos de vinilo, tanto importados como de industria nacional, en el recientemente extinto mercado de pulgas de la avenida General Cerri; que se suicidó arrojándose a una rotativa en marcha y que esto ocasionó incalculables perjuicios a la empresa en que supuestamente Ud. trabajaba; que colecciona muñequitos “Jack”; que está casado y tiene una hija en edad de merecer; que pide monedas en la terminal de ómnibus; que nunca existió; que se dedica con abnegación y constancia dignas de mejor causa a la cría intensiva de chinchillas.
Nuestras indagaciones han sido infructuosas. En vano hemos interrogado a sus viejos camaradas. La encantadora
Gerund no supo más de Ud. y, a decir verdad, lo eliminó hace meses de su cuenta de MSN ("Era un falso -fueron sus palabras textuales-: si no posteaba no le comentaba a nadie. Por algo yo le decía Fakewield” [esto último es evidentemente un anagrama o deformación irónica de su pseudónimo: W. C. Fields]).
Señor K. nos dio el esquinazo una y otra vez y por último, con un descaro que no trepido en calificar de inaudito, negó siquiera haberlo conocido. ¿A qué seguir? Ud. los recuerda:
Ulschmidt,
Cuni,
Fodor Lobson,
Montevideana,
Ana C.,
Subjuntivo y siguen las firmas. Nadie sabe nada, nadie quiere hablar. ¿Qué les hizo? ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué al cabo de meses y meses de colgar religiosamente un post por semana (y dejando nuevamente a un lado la cuestión del valor intrínseco de esos textos) Ud. se llamó a silencio de un día para el otro y sin la menor explicación? ¿Y cuándo vuelve? [...] Sin otro particular, mas esperando una pronta respuesta a estas inquietudes, saluda a Ud. muy atentamente
Un lector de la primera hora.