miércoles, agosto 06, 2008

El monstruo invisible de Mary Shelley

Hace tres años, en una librería que ya no existe, compré una edición de bolsillo de Frankenstein. Mentiría si dijera que admiro muchísimo la novela de Mary Shelley. La trágica historia del moderno Prometeo tiene su encanto, desde luego, pero nunca se contó entre mis favoritas ni me pareció un libro especialmente recomendable. Demasiada pesadez romántica para mi gusto. En todo caso —y a quién le importa lo que yo opine— no es de Frankenstein que quiero hablar ahora, sino de la edición que me tocó en suerte y de sus notables, misteriosas características.

El libro pertenece a la colección "3D" de la editorial Plaza & Janés. Esta colección, publicada a mediados de los noventa y de la que no sé si salieron más títulos, se distingue de cualquier otra en que sus tapas —según promete el editor— están ilustradas "en tres dimensiones". Sin embargo, apreciarlas en su justa medida tiene su ciencia: para el observador casual esas tapas —la de Frankenstein al menos— son una mera confusión de manchas rojas, amarillas y azules, como puede verse en la foto.

Transcribo ahora las instrucciones para verificar el prodigio, incluidas en la primera página: "La figura se puede reconocer del siguiente modo: ponga la cubierta muy cerca de la punta de la nariz, relájese e intente mirar como si fijara la vista muy lejos. Separe lentamente la cubierta de su cara sin parpadear. Poco a poco, aparecerá la imagen en tres dimensiones".

Creo disponer del equipo necesario para llevar a buen término ese ejercicio. Tengo el libro. Tengo una cara. Tengo dos ojos provistos de párpados y, por cierto, tengo una nariz. Hace tres años que sigo las instrucciones y jamás —ni una vez, ni por una fracción de segundo, ni por asomo— he visto otra cosa que el habitual panorama de manchas rojas, amarillas y azules.

Sé que el problema no son mis ojos ni mi torpeza —ni, si tanto insisten, mi nariz—, porque he invitado a otras personas a hacer la prueba y el resultado fue siempre el mismo. Agotada la fase experimental, se me ocurren tres explicaciones: a) Compré un ejemplar defectuoso; b) El efecto tridimensional sólo duraba un tiempo y cuando el libro llegó a mis manos —casi una década después de publicado— ya era historia; c) Todo es una broma de pésimo gusto. Que no abunden los títulos de esta colección parece respaldar la última hipótesis.

Casi me tienta pedir al lector que imprima la foto, siga las instrucciones y me cuente cómo le fue, pero sé que es inútil. A esta altura la tapa del Frankenstein de Plaza & Janés se ha convertido en un modelo a escala de la vida misma. En ésta como en aquella uno trata con todas sus fuerzas de distinguir una forma, un atisbo de sentido en medio del caos, pero esa forma no existe. O a lo mejor existe y, como el monstruo invisible de Mary Shelley, sólo se revelará de improviso y en el peor momento.

9 Comments:

At 12:08 AM, Blogger Subjuntivo said...

Hubo un tiempo en que fui hermoso, y quería hacer un "Buscando a Wally" enorme, y sin Wally. Cuestiones de presupuesto dejaron trunco el proyecto.

El editor debe estar todavía contando en los asados y reuniones su anécdota de cómo hizo a un montón de giles pegar la nariz al broli.


Lo saluda,
S.

 
At 8:20 AM, Blogger Fodor Lobson said...

A principios de los 90 me regalaron un libro de estos "mágicos 3D" pero de los de verdad, y estaba bueno. Por lo que se ve en la foto del suyo es una truchada de 3 pares de cojones (en 3D, eso sí).

 
At 9:37 AM, Blogger Cassandra Cross said...

Si le consuela de algo, Wakefield... yo jamás fui capaz de ver nada en estos dizquedibujos 3D. Séh, igualito que en Mallrats.

Salud y buena vida.

PD: Apuesto al proyecto de Subju. Si algún día abunda el morlack o hacemos rentable algún microemprendimiento, cuénteme entre sus inversores!!!

 
At 11:41 AM, Blogger Rodrigo said...

Hubo un tiempo en que la moda era el 3d... en "Space" daban segmentos de 15 minutos de imágenes 3d para el "deleite" del usuario televisivo. Hubo películas en 3d, y yo hasta vi un show rockero en 3d... y recuerdo algunas revistas que venían con páginas inmersas de 3d para que uno pudiera descubrir esa imagen oculta... ahora bien... para todas estas cosas se usaban anteojitos especiales (por especiales, se entiende que eran un par de anteojos de cartón con una lámina de acetato rojo en un lado y azul del otro), excepto para las revistas... por qué?... Quiere que le preste mis anteojitos a ver si descubre esa imagen esquiva?... Mire si el secreto del universo o el significado de la vida están allí!!... Mejor me voy...

 
At 2:50 PM, Blogger AEZ said...

Yo sí que vi la imagen: es una caricatura de Juan Domingo Perón.

OK, perdón. Después le convido.

 
At 10:15 PM, Blogger Ulschmidt said...

En las instrucciones faltaba aclarar que si no es daltónico no podrá verlo, Wakefield !

 
At 11:38 AM, Blogger Wakefield said...

Subjuntivo: No sé, yo creo en la bondad esencial del género humano. De los editores, incluso. Para mí que algo salió mal a último momento.

Fodor: Es así la cosa. Yo siempre debo conformarme con sucedáneos defectuosos. Esto en todos los órdenes de la vida.

Cassandra: Algo me consuela, sí. Aunque no sé qué es Mallrats, disculpe.

Rodrigo: Sólo alguien como Ud. -o como yo- puede recordar esos micros del canal Space... Ahora dígame que todavía conserva los anteojos y bajamos la persiana sin más demora.

AEZ: Ya me parecía que acá faltaba algún accesorio.

Ulschmidt: Algo no se dijo en las instrucciones, eso está claro. ¿Quizá faltó la advertencia de que todo es en vano?

Saludos a todos.

 
At 2:20 PM, Blogger Rodrigo said...

Sr. Wakefield, obviamente que conservo los anteojos... y también los de la horrenda película de Freddy Krueger y los de Kiss. Por quién me tomó?... Eh?.. Ja!... Salutes!.

 
At 6:58 PM, Blogger Wakefield said...

No esperaba menos, estimado.

 

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